domingo, 20 de diciembre de 2009

21-12


Él está sentado en el frió suelo, apoyando su espalda en la cama. Bajo a ella una marea de colillas de cigarro inunda el espacio. Ella cree que él lo dejó. Él miente. Él es mas humano que ella.
Tiene una vista privilegia desde su habitación..
Si tan solo abandonara su rígida postura, podría ver a través de su ventana toda la ciudad contemplando su rostro, pero no lo hace.
Mientras su mente se aleja casi por completo del tiempo real, su inconsciente imagina la silueta de ella frente a él. Y se ahoga entre sollozos que no deja escapar por miedo a oírse llorar: por miedo a sentirse vulnerable por alguien tan igual pero a la vez tan distinta a él.

-¿Adonde vas?
-No sé, a caminar.
-Apago el cigarro.
-No importa, déjalo así.

Si se hubiese animado a hacer otra pregunta, como un simple ¿vuelves pronto?, otra sería la historia.
Y es que tiene la mirada fija entre el humo que forma su silueta y la nada.
Él saber que ella es ella otra vez..
¿Qué pudo haber hecho ella para que él esté de esta manera? ¿Bajo qué hechizo de mala fama ha caído él? ¿Por qué cuando la tenía de frente, su voz se sonrojaba y no lograba salir mas allá de su imaginación y sus más escondidos anhelos?

Él cree que ella es mejor persona porque huyó de él. Lo abandona cuando él quiere abandonarse. Y un vaso estalla contra el piso, pero no se quiebra: sólo sangra licor, de ése que solía beber con ella, cuando él no tenía noción de lo que ahí acontecía.
Sigue sentado en el mismo lugar, con la mirada pegada en la nada, sin caer en el placer de mirar por su ventana las luces que bajo él viven. Sigue sentado sin mover mas que sus párpados y dejar fluir su inconsciente.
Cierra los ojos, y busca mentalmente entre sus sábanas esa hojita que él escribió para ella. Humedece sus labios, como si eso fuera a ayudarle, pero no.

-No se llevó ni la hojita..

Y es que él la quería de tal forma, que ni él mismo se daba cuenta de cómo la quería. Soñaba con oír su voz nombrarle con rabia, como cuando él la hacía enojar.
Él se hundía en recuerdos perdidos entre el tiempo real y una extraña dimensión que el mismo acababa de inventar. Recordaba cosas que inventaba a medida que humedecía sus labios, intentando entender porqué ella no se había llevado la hojita antes de salir.

Ella perdía su mirada en la ventana. Solía pasar noches en vela mirando las luces de una ciudad casi inerte, pero viva para ella.

-Si hubiese apagado el cigarro..

El humo dibuja la silueta de ella, que se sienta en el piso, apoyando la espalda en la cama, al igual que el.
Imagina que ella toma sus manos frías, y luego toca el alcohol aún derramado en el piso y lleva sus manos a su cabello negro.
Ella deja de ser ella y pasa a ser algo más sublime que un sueño para él. Él la ve como un ser real pero intangible. Y es que él estaba tan enamorado de ella.. Pero no era un amor como el de los demás, era algo casi irreal, rozando lo patético. Ella hacía de él algo sin voluntad propia, y aunque ella lo sabía, se negaba a creerlo.

-Si fuera real, se hubiese llevado la hojita que escondí entre las sábanas..

Intentaba aún, humedeciendo sus labios, recordar lo que había escrito, pero ya no lograba hilvanar sus ideas.
A esta altura, ya no era humano. Ahora era algo perdido entre un tiempo que el mismo inventó, recuerdos casi inexistentes y las ganas de que ella volviera por él. Podría aún mirar por la ventana, pero no lo hizo. Esperaba caer en trance para así convencerse que ella no volvería por él ni por la hojita.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Vidita mía


Vidita, Vidita mia.
Qué distinta visión se tiene al sentir la vida de alguien recién llegado a este frió mundo cuando tus manos se empapan con su sangre tibia aun.
Frágil, mio, frágil.
Y es que no esperabas que nadie te rescatara;
ni molestias querías dar a quien tu agudo aullido escuchara.
Vidita mia, ¿me estarás mirando desde algún lado?
Yo quiero, si, quedarme un momento a tu lado. Como si el tiempo se detuviese por ti, por lo que no pudiste mirar con tus ojitos antes de partir.
Vidita, te digo que te llevas un pedacito de mi en tu frente, entre uno de los gritos vírgenes que no me diste el placer de oír.
Llora, llora, llora y llora. Llora, llora pero con motivo. Llora hasta desgarrar de tu vientre lo que debia quedarse ahí. Pero tus gritos no serán oídos por quien te ha traído ni por quien no te esperaba, solo yo soy quien los imagino y me los guardo en un rinconcito.
Vidita, corta vidita. Vidita que no empezó, pero que tampoco terminó. Dejaste un abismo entre ayer y hoy ¿cómo explicaré en las páginas de mi vida qué fue lo que pasó? Ocupas un lugar inexistente de mi memoria, un lugar al que nunca nadie llegó.
Vidita mía, vidita de nadie. Vidita que llegó un día y se fue sin avisarme.